El Pala

Llegó otra vez la famosa chicha donde El Pala. ¿Cuántos años llevo acudiendo a esta cita que ya se instaló en la tradición chillaneja? Diez o doce años, tal vez más. Tengo en la memoria una ausencia por motivos de salud pero en el resto de los años cada 1 de mayo me cuadro con los Palavecino. Ahí estaban “veteranos de guerra” y nuevos “reclutas”; cada vez más mujeres, qué bueno que sea así. Viejos conocidos, cada año más viejos pero fieles al Templo de Baco.

Rodrigo habló en nombre de la familia y de sus colaboradores. Ingenioso, cálido, contento como se eleva el volantín con el esfuerzo de cada día.

El alcalde Zarzar ofreció el saludo de la ciudad a este lugar de encuentro del turismo, las tradiciones y la amistad cívica. El hombre luce canchero y sobrio, cero aprovechamiento político, cero demagogia, como debe ser en una autoridad republicana.

El padre Varas bendijo la chicha, comenzaron los cañonazos, entraron las guitarras, las voces y las primeras cuecas.

Los parroquianos viejos y nuevos lucían alegres y una buena onda inundó el escenario.  Sólo cabe agradecer a los Palavecino su ingenio para ofrecer a Chillán y al país un espacio de chilenidad que levanta el ánimo en tiempos en que el nombre de la república unos cuantos asaltan la república.

Con la chicha del Pala pasa lo mismo que con Gardel, como decía Borges, cada vez que se escucha canta mejor. La chicha del Pala cada año sabe mejor.

Alejandro Witker

(Publicado en diario La Discusión, Chillán, 04-V-2017)

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