MUSEO REGIONAL DE ÑUBLE

Museo San Agustín de Puñual, en Ninhue, dedicado a la figura de Arturo Prat. Fotografía de Incubo 69, reproducida bajo licencia Creative Commons.

Alejandro Witker

Doctor en Historia

Escribe Mario Vargas Llosa: “los museos son tan necesarios como escuelas y hospitales, educan tanto más que las aulas, también curan no los cuerpos pero si las mentes de la ignorancia, el prejuicio y la superstición que incomunican a los seres humanos… el progreso no significa sólo colegios, hospitales y carreteras, también es sabiduría que nos hace diferenciar lo feo de lo bello, lo inteligente de lo estúpido, lo bueno de lo malo”.

Los museos constituyen en las sociedades avanzadas verdaderos templos de sabiduría y belleza, fuente fundamental del turismo. Gloria Camarero, experta española en el ramo, agrega: “hoy  no se concibe un museo sin cafetería, librería y tienda…”; tres soportes claves en la relación con el turismo. La cafetería agrega disfrute de variadas ofertas, la librería y la tienda permiten difundir valores del fondo museográfico. Agrega: “los museos modernos tienen bibliotecas y publicaciones especializadas”.

Estamos frente a las antípodas de lo que tenemos en Ñuble y donde existen las condiciones para poner en valor sus potencialidades históricos y culturales que nos enorgullecen, pero que se olvidan al distribuir recursos.

El museo mas parecido que tenemos a uno que merezca ese nombre es el instalado por la Armada en la cuna de Prat. “Pero no hay una cafetería, nos comenta Martín Arrau, que nos permitiera llevar la familia y permanecer largas horas conociendo mejor nuestra historia… en torno al museo bien podría haber una oferta de nuestra rica artesanía…”.  Lo dice una persona que ha disfrutado de los modernos museos europeos y norteamericanos y que está convencido que el acervo cultural de Ñuble es un capital inexplorado. Al Museo de Prat concurren 30.000 visitantes al año, gran oportunidad para presentarle Ñuble al país. Cuando Cardoen vino a Chillán a presentar nuestro libro La Silla del Sol, dijo: “si hubiésemos tenido en Santa Cruz uno de los grandes próceres, escritores y artistas que ustedes tienen ¡qué maravillas habríamos hecho!”. Sin esos íconos, Cardoen hizo maravillas en Santa Cruz con talento y convicción de que la cultura puede no sólo enriquecer el alma, también convertirse en un gran negocio.

El Museo Arrau, donde no había nada se valora que exista; pero resulta insignificante cuando en Chile es el único dedicado al pianista. Arrau, sin los compositores sobre cuya obra brilló es absolutamente insuficiente y menos todavía cuando se ofrece sin respaldos académicos a la altura de la tarea. En San Francisco dan ganas de llorar: tesoros en franco deterioro a cargo de un conserje; en Chillán Viejo, el Monumento de la Ingratitud Nacional: la ausencia de O’Higgins en la cuna de O’Higgins.

¿Qué hacer? ¿Un solo gran museo? ¿O bien una política de impulso y coordinación? Sólo para abrir una conversación ofreceré en una próxima crónica un intento de respuesta a estas preguntas.

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 04-VII-2018.

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