LAS MANCHAS DEL SOL

Decía Joaquín Edwards Bello que hay unos cuantos chilenos que no le perdonan  las manchas al Sol. Reconocen que el astro rey da la vida pero tiene sus manchitas el señor. Es que no son pocos los observadores que no distinguen entre lo grande y lo pequeño, lo trascendente o pasajero, los acontecimientos históricos y los simples sucesos de cada día.

Desde que huí de la tribu para sumergirme en la nación, abandoné la ilusión de construir una sociedad feliz semejante a la Venezuela de hoy, donde un ridículo Ministerio de la Felicidad no puede contener a millones de infelices que emigran buscando alimentos, medicina, papel higiénico; opté por una tarea más modesta: construir la mejor sociedad en la medida de lo posible.

En este camino he conocido muchas actuaciones públicas; grandes, medianas y pequeñas; buenas y malas intenciones; sabias y absurdas. A todas aplico la lógica del vaso medio lleno valorándolo ante el medio vacío. No espero prodigios de nadie.

Celebro la crítica constructiva y deploro la mala leche. Todo puede ser observado y mejorado pero cuidando el lenguaje para no crispar excesivamente las relaciones cívicas. La historia me enseña que una chispa puede incendiar una pradera y que las sirenas, llamas y humos pueden ocultar obras mayores y hasta chamuscarlas.

En esta línea me quedo con el Teatro Municipal, con la puesta en marcha de la nueva región, como ayer valoré obras surgidas bajo signos distintos: la Carretera Austral, la gran carretera La Serena Puerto Montt, el rescate de los 33, los Tratados de Libre Comercio, las Orquestas Juveniles que llegan a 500, la reforma del Sename para rescatar a los niños vulnerables; en fin, todas las grandes acciones que han venido cambiando sustancialmente a la sociedad chilena. Apenas es necesario decir con qué fuerza condeno las violaciones a los Derechos Humanos en Chile pero también en cualquier país del mundo. Al lado de todas esas obras con seguridad hay errores y abusos pero esa mala hierba no da para oscurecer los faros cuyas luces perdurarán en la historia y, si sobreviven, serán como anécdotas, no como acontecimientos.  Definitivamente no me preocupan las manchas del sol.

Alejandro Witker.

Historiador.

Publicado en diario Crónica Chillán, 15-IX-2018.