VICENTE CIFUENTES

Vicente Cifuentes. Imagen promocional.

Los que saben de música ya lo dicen: Está despuntando una estrella de la canción popular. El 31 de enero es una fecha que se registrará en la memoria de las Artes de Ñuble. Vicente Cifuentes fue ovacionado con sincera emoción por una platea repleta, especialmente de jóvenes, por un espectáculo que colmó las expectativas, tanto por la figura central, como por una Banda sencillamente espectacular.

“Nací en Chillán…”, dice una de sus creaciones más celebradas con la que abrió y cerró el evento a petición del público. La canción no sólo desata la sensibilidad chillaneja, también revela la grandeza de su creador. Recuerda a sus abuelos y otros familiares con los que aprendió, no digamos solo “las primeras letras”, también los primeros sones y los primeros pasos. Creció la emoción cuando su abuela Lya fue invitada al escenario y en sus “noventones” cantó una canción completa, con voz firme y sonora, acompañada por el nieto. ¡Qué hermoso testimonio de quien no olvida y valora sus orígenes!. Pero hay más, en la misma línea, cantó con Paz Curt un clásico del romanticismo hispanoamericano, esa pieza magistral que Agustín Lara dedicó a María Félix: María Bonita…, “acuérdate de Acapulco…”. Es que Vicente viene a construir su futuro llevando con grandeza el pasado en la mochila. Toda una lección para quienes sienten que están fundando la historia.

Con la platea de pie y visiblemente tocada en el alma, terminó el evento. Busqué a mi amigo Walter González, el abuelo, amigo de tiempos normalistas y liceanos que nos hermanamos en sueños juveniles. Mi amigo llegó en silla de ruedas y apenas reconoce; sin embargo, me miró fijo y me recordó en una frase aquel tiempo, estaba con Lya, la abuela cantora, nos miramos los tres con los ojos humedecidos. Sobraban las palabras.

Alejandro Witker.

Historiador.

Publicado en La Discusión, 08-II-2019

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