PLATAS PARA LA CULTURA

Es bueno que se discuta cómo invertir mejor las platas destinadas para la cultura. Cualquier evento no es propiamente un acto cultural significativo si no deja alguna huella; los entretenimientos sociales son necesarios, pero deben situarse en su propio rango. Cuando hemos denunciado exceso de populismo, lo hacemos en nombre de las grandes necesidades culturales y patrimoniales que tiene Ñuble, como son por ejemplo las Bibliotecas Municipales, algunas de las cuales carecen hasta de teléfono y no digamos de fondos abundantes ni de personal calificado. Ese es el punto: Elegir entre gastar la plata, por ejemplo, en la Guerra del Tomate o en Orquestas Juveniles. Esperamos que los encargados de repartir las platas pongan las cosas en esa vieja balanza que enseña la historia.

Por mi parte, quiero ser muy claro. No me opongo a que se entreguen recursos prudentes a las fiestecitas populares, más aún si algunas tienen algún significado patrimonial, más allá del gozo que debe significar comer empanadas y brindar con platas de todos los chilenos. Un apoyo razonable puede tener justificación.

Pronto presentaremos el proyecto de un número especial de la revista Quinchamalí, Artes. Letras. Sociedad, con el tema central, el chillanejo Arturo Merino Benítez; para lo cual hemos contado con la participación de su hijo, actual jefe de la FACH y de seis altos oficiales que abordan temas específicos de este punto crucial en la historia de Chile. Esperamos que no nos gane, como ya ocurrió en un caso semejante, una fiesta de Tortillas de Rescoldo, donde se esperaba realizar una hazaña perdurable: Ofrecer la tortilla de rescoldo más grande que nunca se haya amasado en Chile. Para lo cual se dieron más recursos que los que nosotros necesitábamos para la edición del número especial sobre la Región de Ñuble. Ese es el punto y no otro.

Alejandro Witker.

Historiador.

Publicado en diarios Crónica Chillán (26-II-2019) y La Discusión (27-II-2019).

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