TÓMBOLA Y PEDAGOGÍA

Hace unos días, a propósito de la llamada «gratuidad» de la educación, recordamos la divisa del presidente Pedro Aguirre Cerda: «Gobernar es educar». Resulta decepcionante que sea en el campo de la educación donde esta divisa choca contra el populismo imperante. Ahora no se postula a un colegio por méritos si no por medio de una tómbola.

¿A caso establecer que las aspiraciones de un estudiante se deben satisfacer por el reconocimiento de los méritos y no por el azar, no resulta verdaderamente violento para el razonamiento más elemental? ¿No parece absurdo que a un niño o a un joven que necesita más que nadie reconocer valores, se le diga que poco vale ser un buen estudiante, cuando la suerte buena o mala puede abrirle o cerrarle las oportunidades que busca para realizar sus sueños?.

Como «veterano de guerra» en el mundo educacional soy de los que aprendió desde el primer día de clases que debía reconocerse el esfuerzo para aprender y comprender las diversas materias de cada ciclo escolar, por lo tanto, me rebelo frente a esta fórmula que nada tiene de pedagógico y que «expertos» más el populismo que en pedagogía instalaron como una manera de cerrar las puertas con candado ideológico a quienes sostienen que en la sociedad debe premiarse a los mejores y no igualarlos con los peores.

Si se trata de igualar en la mediocridad habría que suprimir las medallas olímpicas, los concursos de oposición para ingresar al mundo académico o a la magistratura y, vaya paradoja, a los cargos de la alta administración publica. La igualdad en la mediocridad conduce inevitablemente a la igualdad en la miseria.

Alejandro Witker, Historiador.

Publicado en diarios Crónica Chillán (24-V-2019) y La Discusión (25-V-2019), Chillán.

Si te gusto, comparte en: