DEMOCRACIA Y PARTIDOS

Uno de los grandes líderes políticos italianos, Antonio Gramsci, sostenía que un partido político debería considerarse como el adelanto de un modelo de Estado. Que el partido, en su estructura, procedimientos y valores, debería considerarse como una verdadera propuesta de un Estado, de manera que si un partido no practicaba la democracia interna, no seleccionaba sus dirigentes con arreglo a las responsabilidades que deberían asumir, no sería digno de ser votado por quienes aspiran a una sociedad progresivamente superior.

Por eso resulta del más alto interés evaluar lo que ocurre casi siempre con las llamadas elecciones internas de nuestros partidos políticos, donde suelen sobrar o faltar votos, desaparecer actas, acarrear electores con métodos parecidos a los que se usaban en las haciendas para llevar a las urnas a los inquilinos y peones. Los escrutinios suelen alargarse de manera verdaderamente vergonzosa y los arreglines para torcerle la voluntad a los escasos militantes que concurren a votar muestran que las oligarquías dirigentes se mueven más por el reparto del animal que por doctrinas y programas que suelen acompañarse de cánticos a toda garganta y puños alzados.

Acaban de realizarse elecciones en la India, donde votaron cientos de millones de ciudadanos y en pocas horas se conocieron los resultados, que contrasta con lo que acaba de suceder con un partido político donde votaron no más de diez mil afiliados y los resultados tardan y tardan en conocerse. Siguiendo a Gramsci, cabe preguntarse ¿Cuánta confianza puede dar un partido donde no se practica la democracia en serio? El punto es que se tiene todo el derecho a dudar de los valores democráticos de quienes se muestran defendiendo cuotas de poder sin la menor consideración por normas establecidas.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario Crónica Chillán, 21 – VI- 2019.

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