VUELTA DE CHAQUETA

“Darse vuelta la chaqueta”, es un giro coloquial que se aplica a quienes aparecen en algún momento sosteniendo posiciones diversas a las que habían sostenido en el pasado. Curiosamente este cambio se presenta como una “renuncia” a principios o doctrinas olvidando que, como lo recoge una conocida canción, en la vida “todo cambia”.

Si la sociedad cambia inexorablemente con el tiempo, es perfectamente válido que ciertas posiciones frente a una cierta realidad deban enfrentarse a una evidencia categórica: cambió el escenario y, como es obvio, no es posible seguir “viéndola” como si no hubiese cambiado.

Sin embargo, en el subdesarrollo político, los cambios o “vuelta de chaqueta”, están desacreditados y suelen presentarse como verdaderos ejemplos de “consecuencia” a quienes los cambios de la realidad no les dicen nada y siguen aferrados a principios doctrinarios enmohecidos con las transformaciones sociales. Recuerdo a una lideresa que al morir recibió sentidos discursos celebrando su “consecuencia”. En estricto rigor, ella siguió siendo estalinista independientemente de aquel rotundo fracaso histórico, no obstante fue celebrada esta permanencia invariable. Solo los tontos no cambian. Es claro que cuando alguien abrazó ideales que terminaron arruinados por los abusos de poder y los fracasos económicos y sociales, lo inteligente es cambiar y reconocer que ciertos modelos que se pensaron “condenados por la historia”, tuvieron la capacidad para adecuarse a las nuevas circunstancias y mostrarse con un sorprendente vigor. Pero el subdesarrollo prefiere seguir alzando la vieja pancarta que solo convoca a mentalidades cristalizadas en el fanatismo doctrinario.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 21 – VII – 2019)

LA TORCIDA POLÍTICA

Captura de pantalla de emisión televisiva de TeleSur, enero de 2019.

Entre nosotros llamamos a los partidarios de un equipo deportivo: hinchada, barra, claque, tal vez se me escapa alguna otra denominación para esos partidarios que en cada evento deportivo parecieran sentir que se juegan la vida. En Brasil se utiliza la expresión “la torcida”, la que me parece refleja de manera más gráfica esa relación emocional intensa entre los que desde las galerías gozan y sufren con las proezas de sus ídolos.

En política existe también una “torcida”, son aquellos que, contra todas las evidencias, niegan los hechos porque prefieren ver lo que quieren ver y no lo que verdaderamente ocurre. La presidenta Bachelet ha presentado un informe que desnuda de manera dramática a la dictadura venezolana, pero la “torcida” roja  no acepta esas revelaciones, argumentando que el informe no toca algunos puntos que para la “torcida” son fundamentales. En estricto rigor, esos puntos, válidos o no, no niegan en absoluto las denuncias de la comisionada de la ONU y, frente a los horrores que denuncia, “la torcida” guarda silencio.

Es que “la torcida” desconoce en absoluto lo que sus ídolos han realizado en el mundo en nombre de nobles causas, pero cuyo resultado ha sido el desastre económico a consecuencia del monopolio estatal y el control absoluto de la vida pública y privada por los agentes del poder político. Dicen que nunca han apoyado una dictadura, cuando en todas partes donde han gobernado han establecido dictaduras y, en sus documentos doctrinarios, dicen por escrito que se proponen establecer la Dictadura del Proletariado. Parece que “la torcida” en política es tan fanática como aquella que cuando pierde en la cancha siempre dice que es culpa del árbitro, de la lluvia o de la mala suerte.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario Crónica Chillán, 11 – VII – 2019

INÉS DEL ALMA MÍA

Fotografía promocional de la serie de televisión «Inés del Alma Mía».

Como se conoce y celebra la novela con este nombre de Isabel Allende, un nuevo y rotundo éxito editorial, podemos ahora celebrar que el tema será llevado a una teleserie de 8 capítulos por un canal nacional. La autora se ha mostrado contenta con la noticia y con el guión en torno al cual Inés de Suárez se tomará por primera vez la pantalla abierta de la televisión nacional. Gran noticia por la obra en sí misma, pero también por la oportunidad de poner en el primer plano a una de las mujeres más extraordinarias de la historia de Chile y que, por misteriosas razones, no cuenta con monumentos ni la nombradía pública que merece.

La compañera de Pedro de Valdivia ha merecido varios libros, de los cuales solo el de Jorge Guzmán, “Ay mama Inés” (Fondo FCE) está aún en librerías; otros se han convertido en verdaderas joyas bibliográficas difíciles de encontrar, solo en las llamadas librerías de viejos: Amunátegui, Luis, “Doña Inés Suárez”, Arciniegas, Germán, “Las mujeres y las horas”, Barros Arana, Diego, “Inés de Suárez i doña María de Gaete”, Correa, María, “Inés y las raíces de la tierra”, De la Cruz, Josefina, “Inés de Suárez, la Condoresa”, Díaz Meza, Aurelio, “La destrucción de Santiago”, Guerra, Giuseppe,Inés de Suárez, acción dramático histórica”, Marañón, Pedro Alonso, “Inés de Suárez una egregia placentina en tierra chilena”, Vega, Carlos B, “Conquistadoras: Mujeres heroicas en la conquista de América”, Vicuña, Alejandro, “Inés de Suárez”, sin contar las biografías de Pedro de Valdivia. Es curioso que en tiempos de justa reivindicación femenina no se haya recuperado la figura de Inés de Suárez como protagonista al borde de la leyenda, pero situada en el sólido territorio de la historia. Nuestra revista Quinchamalí está preparando materiales para, en el futuro, mostrar a Inés de Suárez en toda su grandeza. Como bien lo ha dicho la escritora Isabel Allende, situada en el momento histórico que le tocó vivir. Nada mas absurdo que leer el pasado con los ojos de hoy. Me preparo para no perderme un solo capítulo sobre una mujer absolutamente de otro planeta.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 11 – VII- 2019.

ESCUELA DE CULTURA ARTÍSTICA

Escuela de Cultura Artística Claudio Arraú León, de Chillán. Imagen tomada de su facebook institucional.

La Escuela de Cultura Artística Claudio Arrau León acaba de conmemorar 77 años de una hermosa aunque tormentosa trayectoria. Creada en 1942, en el marco de la reconstrucción de Chillán, es probable que sea la más antigua en su género del país. Por primera vez se están reuniendo documentos básicos de una historia que hasta ahora se limitaba a recuperar algunas fechas y algunos nombres sin avanzar en los conceptos que le dieron vida, la recuperación de la obra de sus grandes profesores y ex alumnos.

En esta recuperación no deja de ser impactante, que por primera vez, en la escuela donde no hay todavía siquiera una fotografía del director fundador Fortunato Santibáñez Rogel, a quien correspondió poner en marcha un proyecto que, al parecer, no tenía nada de “sueños bien inspirados”, si no que una concepción muy rica en fines pedagógicos y sociales. Eran tiempos en los cuales las artes y los oficios no se habían separado tanto como ocurrió después. Conocí al profesor Sergio Gacitúa que enseñaba Trabajos Manuales en esa escuela a donde llegaron mis pasos interesados en las clases de literatura chilena de la inolvidable profesora Luz Montecinos.

Parece que la idea inicial del nuevo establecimiento apuntaba a vincular el arte y la artesanía sin descuidar por cierto la música clásica, la pintura, la escultura, la literatura y el teatro.

El director Juan Pablo Garrido, con un grupo de colaboradores, visitó otro insólito descubrimiento: la tumba de don Fortunato, quien nacido en la cercanía de Osorno (1902), murió en Chillán cuando apenas tenía 48 años (1950). Nadie se había ocupado de encontrar esta tumba, como tampoco de recuperar el documento histórico por el cual Arrau dio su nombre a la escuela. Cosas del fútbol, se podría decir en días que nos hacen vibrar con la roja de todos.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario Crónica Chillán, 05 – VII – 2019.

ÉTICA Y POLÍTICA

Imagen reproducida bajo licencia Creative Commons.

Si miramos la política latinoamericana es claro que la marca chilena resulta mínima en cuanto a corrupción. “Mal de muchos, consuelo de tontos”, dice el refrán. Efectivamente, Chile está lejos de las marcas de los rojillos de Venezuela o Brasil y también de esas asociaciones ilícitas de Argentina comandados por un matrimonio de delincuentes que han saqueado sin misericordia a uno de los países más ricos del mundo.

Sin embargo, las tradiciones chilenas y lo que el país puede y debe lograr debería motivar una enérgica reacción contra cierta descomposición moral que se ha venido instalando en la política chilena, a tal punto, que un ex senador, sin el menor pudor, se las arregló para que una prescripción consentida con una instancia del Estado lo salvara de sanciones y así poder seguir en el escenario como si nada hubiera ocurrido.

Una senadora pidió licencia médica pero mientras ejercía este derecho retiró la plata acordada para bencina. Frescura de la buena. Pero no habría que extrañarse si se recuerda que la misma senadora otorgó mas de mil certificados falsos para acreditar exoneraciones políticas que nunca existieron y con la misma frescura que retiró la plata de la bencina dijo que una secretaria había utilizado un timbre con su firma para tales pillerías. Si usted supiera el nombre la senadora se quedaría helado cuando la conoce por ser vocera de la justicia social, los derechos humanos y otras nobles causas que la han motivado para dedicar su vida al “servicio público” ¡Qué emoción saber como se entrega la vida a causas tan nobles con la pequeña compensación de pasarse los años y más años en el Parlamento, no solo con buena dieta, también raspando la olla!

Los casos de estas pillerías son pequeños al lado de Lula o de doña Cristina, pero están muy lejos de anteriores generaciones de políticos chilenos que hicieron grande al país siendo consecuentes con su verbo republicano.

Alejandro Witker, historiador

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 30 – VI – 2019