ÉTICA Y POLÍTICA

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Si miramos la política latinoamericana es claro que la marca chilena resulta mínima en cuanto a corrupción. “Mal de muchos, consuelo de tontos”, dice el refrán. Efectivamente, Chile está lejos de las marcas de los rojillos de Venezuela o Brasil y también de esas asociaciones ilícitas de Argentina comandados por un matrimonio de delincuentes que han saqueado sin misericordia a uno de los países más ricos del mundo.

Sin embargo, las tradiciones chilenas y lo que el país puede y debe lograr debería motivar una enérgica reacción contra cierta descomposición moral que se ha venido instalando en la política chilena, a tal punto, que un ex senador, sin el menor pudor, se las arregló para que una prescripción consentida con una instancia del Estado lo salvara de sanciones y así poder seguir en el escenario como si nada hubiera ocurrido.

Una senadora pidió licencia médica pero mientras ejercía este derecho retiró la plata acordada para bencina. Frescura de la buena. Pero no habría que extrañarse si se recuerda que la misma senadora otorgó mas de mil certificados falsos para acreditar exoneraciones políticas que nunca existieron y con la misma frescura que retiró la plata de la bencina dijo que una secretaria había utilizado un timbre con su firma para tales pillerías. Si usted supiera el nombre la senadora se quedaría helado cuando la conoce por ser vocera de la justicia social, los derechos humanos y otras nobles causas que la han motivado para dedicar su vida al “servicio público” ¡Qué emoción saber como se entrega la vida a causas tan nobles con la pequeña compensación de pasarse los años y más años en el Parlamento, no solo con buena dieta, también raspando la olla!

Los casos de estas pillerías son pequeños al lado de Lula o de doña Cristina, pero están muy lejos de anteriores generaciones de políticos chilenos que hicieron grande al país siendo consecuentes con su verbo republicano.

Alejandro Witker, historiador

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 30 – VI – 2019

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