LA TORCIDA POLÍTICA

Captura de pantalla de emisión televisiva de TeleSur, enero de 2019.

Entre nosotros llamamos a los partidarios de un equipo deportivo: hinchada, barra, claque, tal vez se me escapa alguna otra denominación para esos partidarios que en cada evento deportivo parecieran sentir que se juegan la vida. En Brasil se utiliza la expresión “la torcida”, la que me parece refleja de manera más gráfica esa relación emocional intensa entre los que desde las galerías gozan y sufren con las proezas de sus ídolos.

En política existe también una “torcida”, son aquellos que, contra todas las evidencias, niegan los hechos porque prefieren ver lo que quieren ver y no lo que verdaderamente ocurre. La presidenta Bachelet ha presentado un informe que desnuda de manera dramática a la dictadura venezolana, pero la “torcida” roja  no acepta esas revelaciones, argumentando que el informe no toca algunos puntos que para la “torcida” son fundamentales. En estricto rigor, esos puntos, válidos o no, no niegan en absoluto las denuncias de la comisionada de la ONU y, frente a los horrores que denuncia, “la torcida” guarda silencio.

Es que “la torcida” desconoce en absoluto lo que sus ídolos han realizado en el mundo en nombre de nobles causas, pero cuyo resultado ha sido el desastre económico a consecuencia del monopolio estatal y el control absoluto de la vida pública y privada por los agentes del poder político. Dicen que nunca han apoyado una dictadura, cuando en todas partes donde han gobernado han establecido dictaduras y, en sus documentos doctrinarios, dicen por escrito que se proponen establecer la Dictadura del Proletariado. Parece que “la torcida” en política es tan fanática como aquella que cuando pierde en la cancha siempre dice que es culpa del árbitro, de la lluvia o de la mala suerte.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario Crónica Chillán, 11 – VII – 2019

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