VUELTA DE CHAQUETA

“Darse vuelta la chaqueta”, es un giro coloquial que se aplica a quienes aparecen en algún momento sosteniendo posiciones diversas a las que habían sostenido en el pasado. Curiosamente este cambio se presenta como una “renuncia” a principios o doctrinas olvidando que, como lo recoge una conocida canción, en la vida “todo cambia”.

Si la sociedad cambia inexorablemente con el tiempo, es perfectamente válido que ciertas posiciones frente a una cierta realidad deban enfrentarse a una evidencia categórica: cambió el escenario y, como es obvio, no es posible seguir “viéndola” como si no hubiese cambiado.

Sin embargo, en el subdesarrollo político, los cambios o “vuelta de chaqueta”, están desacreditados y suelen presentarse como verdaderos ejemplos de “consecuencia” a quienes los cambios de la realidad no les dicen nada y siguen aferrados a principios doctrinarios enmohecidos con las transformaciones sociales. Recuerdo a una lideresa que al morir recibió sentidos discursos celebrando su “consecuencia”. En estricto rigor, ella siguió siendo estalinista independientemente de aquel rotundo fracaso histórico, no obstante fue celebrada esta permanencia invariable. Solo los tontos no cambian. Es claro que cuando alguien abrazó ideales que terminaron arruinados por los abusos de poder y los fracasos económicos y sociales, lo inteligente es cambiar y reconocer que ciertos modelos que se pensaron “condenados por la historia”, tuvieron la capacidad para adecuarse a las nuevas circunstancias y mostrarse con un sorprendente vigor. Pero el subdesarrollo prefiere seguir alzando la vieja pancarta que solo convoca a mentalidades cristalizadas en el fanatismo doctrinario.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 21 – VII – 2019)

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