CARTAS DE LUZ MONTECINOS

Luz Montecinos.

Gracias a un amigo muy querido, pariente de Luz Montecinos, tengo en mi poder los originales de 28 cartas que recibiera de esta distinguida poeta y maestra. La lectura de esta correspondencia tan personal, constituye un verdadero privilegio para acercarse al genio y figura de una escritora que Ñuble debe recuperar para su patrimonio.

Los temas son esencialmente privados: viajes, embarazos, muertes, relaciones familiares. “Hablar con los seres queridos es como lavar con agua de vertientes el alma y tenderla a secar en los cordeles del viento”, escribe con trato afectuoso sobre quienes la rodean. Desde luego que desde San Fabián de Alico no vive ausente del mundanal ruido y se refiere al 20 de agosto con su riqueza republicana y a La Discusión y su director Alfonso Lagos, a quien admiraba como intelectual y bella persona.

Desde luego, que el entorno de San Fabián la maravillaba, no en vano siempre disfrutó de vivir en medio de ese paisaje donde “Dios dejó su sonrisa en el Valle de Alico”. Ese valle y su gran humanidad eran el atractivo de muchas visitas, familiares y del mundo de la cultura: “Las visitas vienen, conversan, miran todo, dejan un caudal de cariño en las palabras y en los besos y se van. La vida sigue y yo voy de la mano con la soledad que después de todo, es la mejor compañera…”

Las penurias de los profesores primarios a cuyo gremio perteneció están presentes en sus comentarios. Los bajos salarios, la responsabilidad de atender hijos ajenos y el placer de enseñar. Al encargarle a nuestro amigo algunas diligencias en Chillán, le dice, “Dios te lo pagará…”, aludiendo a su situación de jubilada y al pobre montepío que recibía por don Carlos Gacitúa, maestro también y a quien tuve el agrado de conocer en le Escuela de Cultura Artística.

En todas las cartas se refiere a nuestro amigo y a su esposa con especial cariño, le pide reiteradamente “Escríbeme largo… quiero saber detalles…”, esos detalles que en las mujeres suelen ser tan importantes cuando se refieren a sentimientos. Sus manuscritos son perfectamente legibles con una caligrafía propia de los años finales de su vida y que matizan el relato de la cotidianidad con esas frases luminosas propias de los poetas.

La revista Quinchamalí prepara una jornada en San Fabián de Alico en su memoria, llevar claveles a su tumba, conversar sobre su obra literaria y dejar en versión anillada las 28 cartas en la Biblioteca Nicanor Parra. Son los primeros pasos para traerla a la memoria de su aldea y abrirle expediente en el Patrimonio Cultural de Ñuble.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión, Chillán (28-X-2019)

Si te gusto, comparte en: