PATRIA DULCE PARA TODOS

¿Sabía usted que el verbo jubilar está relacionado con júbilo? La idea era otorgar al final del camino una pensión que combinara la alegría de haber cumplido una larga trayectoria con la de entrar en un descanso aliñado con tiempo para viajar, compartir con la familia, disfrutar de las artes, leer, en fin, dedicar el tiempo postrero a lo que no se pudo hacer cuando hubo que dedicarse de tiempo completo a lo que en lenguaje coloquial se dice: “parar la olla”.

En los primeros años de esta conquista social, se disfrutó en Europa y otros países adelantados por un período breve pero grato, gracias a las jubilaciones. Sin embargo, con el correr del tiempo, la prolongación de la vida gracias a la medicina y a la higiene pública, entra otros factores, ese gozo final comenzó a desvanecerse y a complicar a los Estados con un creciente número de jubilados por largos años.

En países como el nuestro, nunca alcanzamos siquiera a disfrutar un sorbo de ese trago final. Desde siempre, jubilar se convirtió en un tránsito seguro al deterioro de las condiciones de vida. Por este camino, llegamos a los últimos años a una situación verdaderamente escandalosa. Las pensiones de la mayoría de los chilenos constituyen un verdadero agravio a quienes trabajaron por largos años. El diputado Desbordes ha dicho que su padre recibe una pensión de $187.000.- y que por eso su hijo está en la calle compartiendo protestas. Mi esposa, después de 30 años de enseñar en la educación pública, recibe $230.000.- de pensión y el mayor agravio a su autoestima aparece cuando advierte que no alcanza a pagar con ese ingreso el salario mínimo de la nana al cuidado de la casa.

Estas jubilaciones miserables irritan más cuando se sabe cuánto gana la clase política eternizada en el Parlamento, empresas públicas y en grandes sindicatos donde algunos cobran caro por defender a sus asociados. El presidente de CODELCO gana 56 millones al mes y nuestros Parlamentarios están entre los mejor pagados del mundo. Esto ocurre a la vista de los jubilados que no comprenden cómo esta patria que es de todos sólo es dulce para unos pocos. Por eso, es necesario hacer reformas a partir de lo que existe y no de una hoja en blanco que puede resultar un remedio peor que la enfermedad.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 09-II-2020

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