FUERO PARLAMENTARIO

Congreso Nacional de Chile. Fotografía de Gonzalo Pineda. Wikimedia Commons.

En una democracia la función parlamentaria es esencial: legislar, fiscalizar, aprobar nombramiento, entre otros puntos. Para que el representante pueda cumplir la tarea es imprescindible que no sea objeto de presiones ni sanciones por sus dichos y acciones. Fue una conquista de la democracia establecer el fuero parlamentario.

El fuero protege al diputado o senador de manera que no pueda ser perturbado sin un proceso previo con formas establecidas por la ley. 

En este marco adquiere extrema gravedad la amenaza que han recibido parlamentarios por su posición contraria al retiro de fondos previsionales. Amenazar con un “estallido social” si no se apoya una determinada postura es sin duda una provocación totalitaria incompatible con la democracia. De instalarse el asedio exterior a la función parlamentaria es acabar el fuero para de hecho cambiar el régimen político. Nada más parecido a una dictadura popular. 

El Parlamento tiene un nombre que proviene de parlar, hablar, discutir, y resolver mediante votación regulada. No cabe, por lo tanto, ninguna exposición externa, menos aún amenazas.

Como veterano del 73 veo con alarma un clima de violencia verbal y física, de intolerancia propia de aquel tiempo con los resultados conocidos.

Es de esperar que la mayoría silenciosa, esa que no marcha, que no insulta, esa que no odia al que piensa distinto, advierte el peligro y despierte de la indiferencia. Pasado mañana puede ser demasiado tarde. Los violentos, sean de derecha o de izquierda, rompen la convivencia civilizada y dejan huellas amargas imperdurables.

Alejandro Witker, Historiador

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 9 – VIII – 2020

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