PATRIA Y PLATA

Imagen: Los cambistas (Wikicommons).

Un amigo me recuerda que hace algunos años, cuando uno se encontraba con otra persona y solía preguntarle: “Usted qué hace…”. La respuesta casi siempre era: “Aquí estamos, haciendo patria…”. En la actualidad, ante la misma pregunta, dice mi amigo, la respuesta suele ser: “Aquí estamos parando la olla…”; “Estoy viendo cómo exportar mis cerezas…”; “Estoy fraguando un emprendimiento…”.

A primera vista, de hacer patria se pasó a hacer plata. En estricto rigor, no debería merecer ningún reproche la búsqueda de la plata, siempre que no se olvide que no hay plata que valga si no se tiene patria, esto es, una sociedad en paz y trabajo. La plata se genera en un espacio y un tiempo histórico, de manera que, si no se respeta la propiedad y las normas de convivencia, ninguna plata está segura. Esta elemental relación entre patria y plata, es la que no han entendido muchos empresarios y profesionales que han pensado que se pueden enriquecer impunemente a la vista de gente miserable, que suele ser movilizada por sembradores de odio en contra de los que aparecen como los dueños de la pelota.

Hacer plata sin importar pagar impuestos justos, salarios dignos, respetar el medioambiente y no abusar en el mercado, solo puede conducir a lo que tenemos a la vista: descredito de todo el que tiene éxito y rencor de todo el que tiene fracasos.

La experiencia mundial enseña que la mejor plata es la que se gana en una sociedad más o menos integrada y con puertas abiertas para que surjan los mejores. Esa sociedad sana, no surge de la nada, es el resultado de una acción inteligente de los que advierten a tiempo que, sin patria la plata se puede ir con el viento en los torbellinos sociales.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 25-XII-2020

VACUNA GRATUITA

Fotografía de Christian Emmer | Imagen propiedad de: emmer.com.ar, reproducida bajo licencia Creative Commons.

En mis escritos he repetido una y otra vez la sentencia de Mac-Iver, que hizo suya Pedro Aguirre Cerda: “Gobernar es educar”.

Así debería ser. La conducción de la política pública debería incluir un sentido pedagógico que explique y motive a la ciudadanía sobre iniciativas que requieren información y motivación.

Pero aquella sentencia rara vez se aplica, las autoridades prefieren aparecer como generosas dispensadoras de dádivas, hasta conmovidas por el dolor “de los más vulnerables”.

Ayer fue el regalo de la “educación gratuita”; ahora de la “vacuna gratuita”. Educación gratuita para los que no pueden pagar está bien, pero está mal que lo sea para los hijos de las familias adineradas.

Se oculta lo esencial: Que todo bien o servicio que se produce tiene un costo y que, cuando lo genera el Estado, lo paga la población con sus tributos. Me cuentan que un vecino penquista escribió al director de la OMS pidiéndole la gratuidad de la vacuna para toda la humanidad. Confundió a la OMS con el Hogar de Cristo. Esa repartición de la ONU no es productora de vacunas, las que surgen de cuantiosas inversiones que realizan laboratorios privados y que, como es lógico, esperan recuperar inversiones con las correspondientes ganancias.

Son los Estados los que deben comprar el producto y, de acuerdo a sus posibilidades,  distribuirlo en la población con o sin cobro. Ante una pandemia como la que se vive, se justifica plenamente que el estado gaste y distribuya sin cobro.

Ciertos sectores exigen al Estado que gaste a fondo perdido como si sus recursos cayeran del cielo. Desde luego que hay sistemas tributarios más solidarios que otros, pero ese es otro punto que debe ser explicado a la población y señalado con claridad como un asunto eminentemente político. Tendremos en Chile vacuna sin cobro, pero no gratuita; en rigor, la pagaremos todos los chilenos. ¿No le parece que este es un punto esencial de la cultura cívica?

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 20-XII-2020

DEMOCRACIA Y BIENES PÚBLICOS

Fotografía de Warko, reproducida bajo licencia Creative Commons.

La República es la suma de todo lo que somos y también debería incluir lo que queremos ser como nación organizada; pero como no todos pensamos igual, la democracia es el método civilizado para resolver las controversias. No es el mejor sistema político, es el menos malo que se conoce, como decía Churchill. Sabia reflexión de un político que luchaba por una sociedad mejor, pero no se hacía demasiadas ilusiones, pues conocía bien la naturaleza humana.

En la República hay bienes públicos y bienes privados, los primeros pertenecen a todos y los otros a instituciones y personas. La propiedad de ambos genera derechos y deberes que deben respetar los respectivos propietarios.

De lo dicho se desprende que ningún particular tiene derecho a disponer ni menos maltratar los bienes púbicos que pertenecen a todos. En un Estado de derecho, la propiedad pública y privada está garantizada.

El Estado tiene la obligación de utilizar la seguridad pública para garantizar el respeto a la propiedad. Por eso resulta difícil de entender que grupos que dicen hablar en nombre de la mayoría, salgan a la calle a destruir los bienes que son propiedad de esa mayoría. Los bienes públicos pertenecen a todos los ciudadanos y solo una borrachera ideológica puede explicar que en nombre de todos se destruya lo que es de todos.

En el Estado de derecho, debe aplicarse con la mayor energía el instrumental que la ley entrega como monopolio a las policías encargadas de impedir la violencia social. Voceros que amparan la violencia, se empeñan en desacreditar el uso de la fuerza pública a la que se vigila para que no viole los derechos humanos cuando se enfrentan a los violentos. ¡Vaya qué paradoja!, los derechos humanos se han convertido en el mejor escudo de los violentos.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión (Chillán), 17-XII-2020

EDUCACIÓN CÍVICA Y PARTICIPACIÓN

La escasa concurrencia a las recientes elecciones primarias convocadas por los partidos políticos para definir candidaturas, ha puesto de nuevo sobre la mesa el punto de la educación cívica de la población. Con la mayor seriedad en el rostro, algunos políticos señalan que la escasa concurrencia a las urnas tiene culpables distintos a ellos mismos que se han convertido en figuras desacreditadas, condición ganada “con el sudor de su frente”. Algunos han sostenido que la ausencia electoral se debe a la falta de educación cívica de la población.

Cuando estos señores hablan de educación cívica, están pensando sólo en elecciones como expresión máxima de esa cultura y, desde luego, de algún conocimiento básico de los poderes públicos, los partidos y la Constitución. Sin embargo, pasan por alto un renglón básico de toda la educación cívica: El gasto público, recaudación y presupuesto.

Este es un punto crucial. Los ciudadanos deben saber que el Estado gasta los recursos que la población entrega a través de los impuestos. También debería ser de las empresas públicas, cuando estas se manejan con eficiencia y honestidad. Los ciudadanos deben saber que en Chile la mitad del gasto público proviene del IVA que pagamos en cada compra y que, el Estado tiene recursos limitados, salvo que, decida endeudarse y cargar a generaciones futuras el gasto de las actuales. ¿Tienen conciencia los jóvenes que cuando sus padres les compran el computador, el celular, las zapatillas o la bicicleta, están aportando al Fisco para el gasto en educación, salud, seguridad pública y otros?. Si supieran, no destruirían en los colegios los computadores que ellos mismos contribuyen a comprar ni tampoco destruirían semáforos y otros bienes públicos que financiamos todos. Enseñar sobre el gasto público es tal vez más importante que enseñar a votar, sencillamente porque el voto bien podría orientarse en favor de quienes proponen gastar bien y no echarse al bolsillo las platas públicas. El ciudadano debe saber que casi siempre el gasto público tiene un origen privado, que el Estado no es una vaca lechera que pueda ordeñarse cuánto dé la gana.

La participación exige información para dar potencia a la democracia y sentido republicano a la ciudadanía. De nada vale tener acceso a decisiones con una mochila de ignorancia y prejuicios. La participación responsable y creativa tiene más que ver con saber de qué se trata que demandar infinitas dádivas al Estado.

Alejandro Witker. Historiador

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 11-XII-2020.