HISTORIA Y RETROEXCAVADORA

Jorge Baradit. Fotografía de Rodrigo Fernández, repdoucida bajo licencia Creative Commons.

“A mí me gusta la Historia de Chile, y no es que me complazca como la cara de la madre al hijo, por pura fidelidad… me gusta la Historia de Chile como un oficio de creación de patria…”, escribió Gabriela Mistral. Lo mismo nos pasa a todos los que algo o mucho sabemos de nuestra historia, cuyo remate nos distingue en América Latina desde los comienzos de la República.

Es explicable que los que a los que la ignoran la historia nacional no les diga nada y, hasta se atrevan a convertirla en chismografía de conventillo. A ese público que saborea los escándalos como chocolate, apuntó un tecnicucho sin fama en su oficio y por eso decidió buscarla publicando porquerías degradantes para los padres de la patria.

No es el primer fresco que ofrece “la novedad del año”, a gente adicta a esa chismografía. La vulgaridad siempre ha sido un mercado propicio incluso para contadores de chistes malos que se aliñan con la grosería.

Lo deplorable es que en una comuna la autoridad mayor, responsable de la educación pública, ofrezca escenario para que el mercader deposite su basura en un “evento cultural”. En el campo se dice que se cosecha lo que se siembra y no parece propio ofrecer tribuna para burlarse de los valores nacionales.

“Vivir en el recuerdo agradecido es necesaria virtud de los pueblos; por eso, vengo aquí a rendir homenaje al Padre de la Patria, a quien nos diera perfil de país y unión”, eso dijo Allende (20-VIII-1973) en Chillán Viejo. ¿Qué diría el líder al saber que los dirigentes de su partido han presentado como candidato a la Convención Constituyente al timonel de una de las retroexcavadoras dedicadas a demoler valores patrios.

El desconocimiento y degradación de la conciencia histórica explica por qué jóvenes destruyen la escultura de Alonso de Ercilla, humillan al General Baquedano, incendian el Museo Violeta Parra. El descuido por nuestra historia tiene mucho que ver con la barbarie desatada en la vía pública en nombre de reclamos sociales que, por justos que sean, no justifican destruir lo que tanto ha costado construir.  

Es bueno repetir, una y otra vez una vieja sentencia campesina: “no hay ave de peor ralea que la que emporca su propio nido”.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicada en diario La Discusión, Chillán, 19-I-2021.

VIOLENCIA SIN LÍMITES

Imagen de Tyler Merbler reproducida bajo licencia Creative Commons.

En Estados Unidos acaba de ocurrir un hecho insólito: turbas enardecidas agredieron el Capitolio, un verdadero templo republicano que expresa, precisamente, todo lo contrario, a la violencia que hemos visto con estupor en la pantalla televisiva.

En los Parlamentos se discute, incluso airadamente, pero nunca habíamos visto a una turba callejera asaltar, destruir y humillar a los representantes de la soberanía popular.  En Estados Unidos la violencia estuvo presente en los últimos meses, vinculada a la candidatura demócrata. Se agredió al comercio, esculturas y policías. Ahora turbas vinculadas a los republicanos asaltaron al Capitolio.

Un rostro televisivo dijo haber derramado lágrimas por el asalto al Capitolio. Con razón se horrorizó ante tal atropello a la democracia proveniente de la derecha; cabe preguntarse, si sus ojos también se humedecieron de espanto cuando turbas izquierdistas trataron de incendiar el Museo Violeta Parra. La emoción debería ser la misma cuando bárbaros de uno u otro signo se cruzan en el camino de la civilización.

En Chile, un grupo extremista está llamando a rodear a la Convención Constituyente de “movilización callejera” lo que debe entenderse como una inaceptable presión sobre quienes serán elegidos para dictarle al país una nueva Constitución.

Esta presión bien puede llegar a la acción directa.  La sola postulación de algunos candidatos ha despertado repudios y amenazas en grupos que quisieran que el evento constitucional transcurriera con esa deliciosa unanimidad que impera en países donde gobierna un partido único.

Corresponde al Gobierno darle al evento constitucional todo el respaldo de la fuerza pública para que los energúmenos se abstengan o contengan y pueda realizarse una Convención con pleno respeto a todas las opiniones.

Alejandro Witker Historiador

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 12-I-2021.

REVISTA QUINCHAMALÍ

Nos complace saludar a las relaciones y amigos de la revista Quinchamalí. Artes, letras, sociedad que edita la UBB y que recorre Chile de Arica a Punta Arenas. Con especial agrado les informamos que al terminar el año 2020 se han incorporado a nuestra revista importantes colaboradores alguno de los cuales serán nuestros representantes en los puntos que se indican: Susana Fritz, historiadora (Temuco); Marisol Obrador, periodista (Lago Verde); Adela Cubillos, historiadora (San Felipe); Wellington Rojas, periodista (Angol); Valeria Hevia, profesora de castellano (Molina). Además nuevas colaboraciones: Valeska Troncoso, historiadora (Santiago); Patricia Carrasco, historiadora (Coyhaique); Luis Inostroza, historiador (Temuco); cuyas colaboraciones vendrán en los números de este año. Muy estimulante comprobar cómo se afianza nuestra presencia en el territorio nacional y recibir de estas personas reconocimiento y compromiso. 

Por nuestra parte, reafirmamos la decisión de seguir cuesta arriba convencidos que esta contribución chillaneja a la cultura de las regiones de Chile bien vale la pena asumirla hasta las últimas consecuencias. Aprovechamos la oportunidad para agradecer a La Discusión su permanente respaldo a este proyecto editorial.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 06-I-2021

POLITIZAR A LOS NIÑOS

Durante mi exilio en México fui varias veces invitado a Cuba a diversos eventos relacionados con la historia de América Latina.  En uno de esos viajes nos llevaron a conocer la Sierra Maestra donde los Castros iniciaron la guerra contra Batista. Nos recibieron con un elenco de niños vestidos de milicianos luciendo una divisa: “seremos como el che”. 

La escena no dejó de impresionarme: cómo se trataba de inyectar la ideología en la primera infancia y poniendo como arquetipo a un personaje asociado a la violencia y al odio que él decía que había que inculcar en los revolucionarios.

Recordé como en Chile en tiempos de Allende se alcanzaron a publicar algunos ejemplares de una revista destinada a los niños llamada “Cabro Chico”, en la cual se instaba a tomarse predios para convertirlos en canchas de fútbol, entre otras acciones movilizadoras de esos pequeños tras un ideario político. Esa revista fue una verdadera joya que ilustraba bien cuánta diferencia había entre los que algunos fraguaban y la oferta de Allende de abrir una nueva vía al socialismo en democracia, pluralismo y libertad.

La tentación de politizar a los niños está siempre presente en algunos sectores que se sienten misioneros de una utopía revolucionaria como la que grita un himno del siglo XIX: “la tierra será un paraíso de toda la humanidad”. El mundo ha conocido los intentos de construir ese paraíso y, más recientemente cómo más de 5 millones de venezolanos dejan los pies en las carreteras huyendo de tanta felicidad. 

Acaba de ocurrir en Chile un nuevo intento en este rumbo. Un organismo encargado de proteger a la niñez ha puesto en pantalla un video donde llaman los niños a “soltar los torniquetes”, para salir a empujar el carro de la revolución. El video ha sido retirado pero su breve circulación mostró lo que algunos no quieren ver: en Chile hay unos cuántos empeñados en insistir en la búsqueda de ese mundo feliz, no obstante, el estruendoso fracaso de entregarle al Estado la consumación de tanta felicidad.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 02-I-2021

PATRIA Y PLATA

Imagen: Los cambistas (Wikicommons).

Un amigo me recuerda que hace algunos años, cuando uno se encontraba con otra persona y solía preguntarle: “Usted qué hace…”. La respuesta casi siempre era: “Aquí estamos, haciendo patria…”. En la actualidad, ante la misma pregunta, dice mi amigo, la respuesta suele ser: “Aquí estamos parando la olla…”; “Estoy viendo cómo exportar mis cerezas…”; “Estoy fraguando un emprendimiento…”.

A primera vista, de hacer patria se pasó a hacer plata. En estricto rigor, no debería merecer ningún reproche la búsqueda de la plata, siempre que no se olvide que no hay plata que valga si no se tiene patria, esto es, una sociedad en paz y trabajo. La plata se genera en un espacio y un tiempo histórico, de manera que, si no se respeta la propiedad y las normas de convivencia, ninguna plata está segura. Esta elemental relación entre patria y plata, es la que no han entendido muchos empresarios y profesionales que han pensado que se pueden enriquecer impunemente a la vista de gente miserable, que suele ser movilizada por sembradores de odio en contra de los que aparecen como los dueños de la pelota.

Hacer plata sin importar pagar impuestos justos, salarios dignos, respetar el medioambiente y no abusar en el mercado, solo puede conducir a lo que tenemos a la vista: descredito de todo el que tiene éxito y rencor de todo el que tiene fracasos.

La experiencia mundial enseña que la mejor plata es la que se gana en una sociedad más o menos integrada y con puertas abiertas para que surjan los mejores. Esa sociedad sana, no surge de la nada, es el resultado de una acción inteligente de los que advierten a tiempo que, sin patria la plata se puede ir con el viento en los torbellinos sociales.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 25-XII-2020

VACUNA GRATUITA

Fotografía de Christian Emmer | Imagen propiedad de: emmer.com.ar, reproducida bajo licencia Creative Commons.

En mis escritos he repetido una y otra vez la sentencia de Mac-Iver, que hizo suya Pedro Aguirre Cerda: “Gobernar es educar”.

Así debería ser. La conducción de la política pública debería incluir un sentido pedagógico que explique y motive a la ciudadanía sobre iniciativas que requieren información y motivación.

Pero aquella sentencia rara vez se aplica, las autoridades prefieren aparecer como generosas dispensadoras de dádivas, hasta conmovidas por el dolor “de los más vulnerables”.

Ayer fue el regalo de la “educación gratuita”; ahora de la “vacuna gratuita”. Educación gratuita para los que no pueden pagar está bien, pero está mal que lo sea para los hijos de las familias adineradas.

Se oculta lo esencial: Que todo bien o servicio que se produce tiene un costo y que, cuando lo genera el Estado, lo paga la población con sus tributos. Me cuentan que un vecino penquista escribió al director de la OMS pidiéndole la gratuidad de la vacuna para toda la humanidad. Confundió a la OMS con el Hogar de Cristo. Esa repartición de la ONU no es productora de vacunas, las que surgen de cuantiosas inversiones que realizan laboratorios privados y que, como es lógico, esperan recuperar inversiones con las correspondientes ganancias.

Son los Estados los que deben comprar el producto y, de acuerdo a sus posibilidades,  distribuirlo en la población con o sin cobro. Ante una pandemia como la que se vive, se justifica plenamente que el estado gaste y distribuya sin cobro.

Ciertos sectores exigen al Estado que gaste a fondo perdido como si sus recursos cayeran del cielo. Desde luego que hay sistemas tributarios más solidarios que otros, pero ese es otro punto que debe ser explicado a la población y señalado con claridad como un asunto eminentemente político. Tendremos en Chile vacuna sin cobro, pero no gratuita; en rigor, la pagaremos todos los chilenos. ¿No le parece que este es un punto esencial de la cultura cívica?

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 20-XII-2020

DEMOCRACIA Y BIENES PÚBLICOS

Fotografía de Warko, reproducida bajo licencia Creative Commons.

La República es la suma de todo lo que somos y también debería incluir lo que queremos ser como nación organizada; pero como no todos pensamos igual, la democracia es el método civilizado para resolver las controversias. No es el mejor sistema político, es el menos malo que se conoce, como decía Churchill. Sabia reflexión de un político que luchaba por una sociedad mejor, pero no se hacía demasiadas ilusiones, pues conocía bien la naturaleza humana.

En la República hay bienes públicos y bienes privados, los primeros pertenecen a todos y los otros a instituciones y personas. La propiedad de ambos genera derechos y deberes que deben respetar los respectivos propietarios.

De lo dicho se desprende que ningún particular tiene derecho a disponer ni menos maltratar los bienes púbicos que pertenecen a todos. En un Estado de derecho, la propiedad pública y privada está garantizada.

El Estado tiene la obligación de utilizar la seguridad pública para garantizar el respeto a la propiedad. Por eso resulta difícil de entender que grupos que dicen hablar en nombre de la mayoría, salgan a la calle a destruir los bienes que son propiedad de esa mayoría. Los bienes públicos pertenecen a todos los ciudadanos y solo una borrachera ideológica puede explicar que en nombre de todos se destruya lo que es de todos.

En el Estado de derecho, debe aplicarse con la mayor energía el instrumental que la ley entrega como monopolio a las policías encargadas de impedir la violencia social. Voceros que amparan la violencia, se empeñan en desacreditar el uso de la fuerza pública a la que se vigila para que no viole los derechos humanos cuando se enfrentan a los violentos. ¡Vaya qué paradoja!, los derechos humanos se han convertido en el mejor escudo de los violentos.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión (Chillán), 17-XII-2020

EDUCACIÓN CÍVICA Y PARTICIPACIÓN

La escasa concurrencia a las recientes elecciones primarias convocadas por los partidos políticos para definir candidaturas, ha puesto de nuevo sobre la mesa el punto de la educación cívica de la población. Con la mayor seriedad en el rostro, algunos políticos señalan que la escasa concurrencia a las urnas tiene culpables distintos a ellos mismos que se han convertido en figuras desacreditadas, condición ganada “con el sudor de su frente”. Algunos han sostenido que la ausencia electoral se debe a la falta de educación cívica de la población.

Cuando estos señores hablan de educación cívica, están pensando sólo en elecciones como expresión máxima de esa cultura y, desde luego, de algún conocimiento básico de los poderes públicos, los partidos y la Constitución. Sin embargo, pasan por alto un renglón básico de toda la educación cívica: El gasto público, recaudación y presupuesto.

Este es un punto crucial. Los ciudadanos deben saber que el Estado gasta los recursos que la población entrega a través de los impuestos. También debería ser de las empresas públicas, cuando estas se manejan con eficiencia y honestidad. Los ciudadanos deben saber que en Chile la mitad del gasto público proviene del IVA que pagamos en cada compra y que, el Estado tiene recursos limitados, salvo que, decida endeudarse y cargar a generaciones futuras el gasto de las actuales. ¿Tienen conciencia los jóvenes que cuando sus padres les compran el computador, el celular, las zapatillas o la bicicleta, están aportando al Fisco para el gasto en educación, salud, seguridad pública y otros?. Si supieran, no destruirían en los colegios los computadores que ellos mismos contribuyen a comprar ni tampoco destruirían semáforos y otros bienes públicos que financiamos todos. Enseñar sobre el gasto público es tal vez más importante que enseñar a votar, sencillamente porque el voto bien podría orientarse en favor de quienes proponen gastar bien y no echarse al bolsillo las platas públicas. El ciudadano debe saber que casi siempre el gasto público tiene un origen privado, que el Estado no es una vaca lechera que pueda ordeñarse cuánto dé la gana.

La participación exige información para dar potencia a la democracia y sentido republicano a la ciudadanía. De nada vale tener acceso a decisiones con una mochila de ignorancia y prejuicios. La participación responsable y creativa tiene más que ver con saber de qué se trata que demandar infinitas dádivas al Estado.

Alejandro Witker. Historiador

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 11-XII-2020.

EL AGUA EN LA AGENDA ACADÉMICA

Imagen cortesía de Pixabay.

El agua es vida, lo dice todo el mundo, pero no todos, comenzando por los poderes públicos, asumen las consecuencias de esa afirmación. En un reciente evento convocado por CREASUR, Universidad de Concepción, se puso el agua en la agenda académica, oportunidad en la que el investigador de EULA, Ricardo Barra, marcó las grandes señales para la discusión.

En una breve nota es imposible resumir una conferencia tan contundente. Nos motiva relevar el tema y felicitar a los organizadores del evento.

Entre las grandes señales que marcó Barra están: La multiplicidad de organismos públicos que se ocupan del agua, mostrando la urgencia de una “gobernanza” conductora de una política global.

El agua es inseparable del territorio, la economía, la sociedad y la política, por lo tanto, no puede tratarse solo como un “recurso hídrico”, sino como parte de una compleja realidad.      

La urgente necesidad de establecer el agua como un bien público liberado de intereses privados que deben integrarse a un propósito nacional.

Hacer efectiva la participación social en esa gobernanza, lo que resulta inútil cuando los participantes carecen de conocimientos indispensables para obrar bien. En muchos casos, dijo, el encargado de representar la participación no tiene idea de qué se trata. Sabia advertencia del maestro para los pregoneros de la participación popular en todo orden de cosas, olvidando lo elemental: En el quirófano no hay democracia, operan los que saben.

Finalmente subrayó: No se conoce ningún país que haya alcanzado el desarrollo sin investigación en ciencia y tecnología y en Chile el gasto en este renglón no alcanza ni a la mitad del 1% del presupuesto nacional.

Se nos vienen tiempos difíciles con el agua. Los camiones aljibes en lo que se gasta alrededor de 100 millones de dólares en lo últimos años no serán soluciones ni para la producción ni el consumo humano. Se requiere poner inteligencia y voluntad para actuar a tiempo. Mañana puede ser demasiado tarde.

Alejandro Witker. Historiador.

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 29-XI-2020

MUSEO REGIONAL

En medio de la pandemia una gran noticia para Ñuble: el anhelado Museo Regional ha dado un primer paso. Se cuenta con los recursos para financiar el proyecto. Lo acaba de anunciar el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio a través de la Seremi de Ñuble María Soledad Castro. Se acaba de realizar una reunión vía zoom en la que la Seremi comunicó la noticia y dialogó con más de una veintena de actores culturales y a cuya cita acudió el Subsecretario de Patrimonio Emilio de la Cerda.

Como se sabe existe el acuerdo de instalar el Museo Regional sobre las ruinas de bodegas ferroviarias ubicadas en el ancho espacio que separa la estación con la densa población que antiguamente se llamó Villa Alegre o Ultraestación. Un gran acierto es aprovechar estas ruinas que son parte de la historia de la ciudad y cuya modernización dará un fuerte impulso a un espacio a escasas cuadras de la Plaza de Armas que por largos años ha permanecido en el abandono.

Por la información recibida se ve que las autoridades están disponibles, no sólo para cumplir con Ñuble, también para crear un Museo que merezca efectivamente ese nombre.  En la región, con las mejores intenciones se da el nombre de Museo a recintos que acopian testimonios que se muestran a curiosos por guardianes que saben un poquito más que los curiosos y punto. No se investiga, no se publica ni se ofrece al turista una tienda, una cafetería. De convenios para investigar y difundir con las universidades y otras entidades culturales mejor no hablemos. El que más se acerca a lo que debe ser un Museo es, sin duda, el Museo de Prat pero sus carencias son enormes.

En todo caso queda por ver si el personal a que se encomiende este Museo sea seleccionado por concursos públicos con fuertes exigencias profesionales. Nada más patético que dejar a cargo de un Museo a quienes carecen de estudios específicos que permitan que estas instituciones sean verdaderas fraguas académicas. Cabe destacar que el naciente Museo Antropológico del Itata, con sede en Quirihue, se ha entregado, como debe ser, a una profesional de lujo como Zulema Seguel. Un Museo que recién comienza debe hacerlo con lo principal: una conducción que sabe de qué estamos hablando.

Buena noticia para los actores culturales de Ñuble. La región tiene mucho que mostrar pero, cuando comienza a estudiarse lo que está a flor de piel se descubre cuánto no se conoce y cómo la investigación se convierte en una estrategia de desarrollo regional. Felicitaciones para quienes están dando con acierto los primeros pasos, es de esperar que los que sigan nunca confundan una institución cultural con una piñata política.

Alejandro Witker. Historiador

Publicado en diario La Discusión, Chillán, 11-XI-2020